jueves, 28 de agosto de 2014

Pink Floyd at Pompeii 1972



Pink Floyd at Pompeii.....Por Alfredo Rosso. Jamás consentiré en que me incluyan en las huestes de los que piensan que “todo tiempo pasado fue mejor”. Ese concepto de “paraíso perdido” que nunca podremos recuperar me parece pernicioso para poder vivir y disfrutar del presente. Pero debo confesar que a veces tengo un dejo de cariño y secreta nostalgia por ciertos momentos en que el rock desafió límites y fronteras en su afán de vincularse con la historia y con otras ramas del arte, a veces dando origen a proyectos que –vistos desde afuera- podrían ser considerados como faraónicos. De todas maneras, pienso, es mejor que te critiquen por algo que hiciste que por haberte quedado con las ganas. Y en este sentido, hay una deliciosa y bizarra pieza de la historia del rock que unió a principios de los ’70 a Pink Floyd con el director de cine Adrian Maben. El resultado fue el film “Pink Floyd Live at Pompeii”, realizado en la míticas ruinas de la ciudad romana, arrasada por una erupción del volcán Vesubio en el año 79 de nuestra era. 



La gestación del proyecto sorprende por lo casual. El director Adrian Maben simplemente llamó a Stephen O’Rourke, manager de Pink Floyd, a principios de los ’70, para proponerle la idea de hacer una película con el grupo. A esa altura, todo lo que tenía en mente Maben era “una especie de matrimonio entre el arte y Pink Floyd”. 

El director viajó a Londres para discutir sus planes con O’Rourke y con el guitarrista David Gilmour y la primera idea que se ocurrió fue hacer algo que involucrase la música de Floyd con pintores como Magritte, De Chirico, Christo o Jean Tinguely o con escultores. La reunión fue amable pero no llegaron a ninguna conclusión definitiva. Meses más tarde, Maben viajó con su novia de entonces a Italia y visitó las ruinas de Pompeya. 

Esa noche se dio cuenta que había perdido su pasaporte y, al reflexionar, concluyó que lo había dejado en el anfiteatro de Pompeya. Así que regresó, solo, con las últimas luces del día, y allí, entre los monumentos, las esculturas y pinturas de un tiempo que había quedado en suspensión Maben tuvo su epifanía: ese era el lugar ideal para filmar a Pink Floyd. “En el silencio casi místico del anochecer, me di cuenta que Pompeya tenía todo: tenía muerte, tenía sexo y tenía mucha vida latente. Y en ese anfiteatro, Pink Floyd podría volver todo eso a la vida plena”.

De todas formas, Adrian Maben no quería hacer un típico documental de rock, al estilo de Woodstock, que muestra por un lado a los grupos y por el otro la reacción del público, ni tampoco a la manera del “cinema-verité” que Donn Alan Pennebaker encaró con “Don’t look back”, siguiendo a Bob Dylan, cámara en mano, por los camarines y los backstages de su gira inglesa del ’65. “Mi película iba a ser una especie de anti-Woodstock. Sin público, sólo la música y el silencio. Pensé que el anfiteatro vacío tendría tanto significado –sino más- que un millón de pesonas”.

Filmar en Pompeya suponía varios desafíos. Uno que Maben conocía desde el vamos era que Pink Floyd jamás consentiría en hacer “playback”, sino que sería un concierto real, con los cuatro músicos tocando en vivo, y que se grabaría en una máquina de 24 canales, como si fuese un álbum más. 

De hecho, el manager de ruta de Floyd en aquel momento, Peter Watts, pensó que la calidad de la grabación fue tan buena o mejor que la que se podría lograr en un estudio normal, ya que el sonido rebotaba en las paredes de piedra del anfiteatro y le daba un agradable efecto de eco a todos los temas. Otra de las cuestiones era el equipamiento técnico. En aquellos días, Pink Floyd tenía un montón de equipos, que debieron se transportados en gigantescos camiones Avis desde Londres hasta Pompeya. 

La idea original era filmar durante seis días pero casi la mitad del tiempo estipulado se perdió en tratar de que la electricidad fluyera en forma contínua al lugar, ya que la corriente se desconectaba todo el tiempo. Créase o no, el problema se solucionó tirando un largo cable que iba desde el el anfiteatro al municipio de la ciudad actual de Pompeya y poniendo a una persona encargada de asegurarse que nadie lo desenchufara.

Maben llevó a los cuatro músicos a Pozzuoli, donde tomó algunas escenans de baños de lodo y fumarolas. Hasta eso resultó tortuoso, porque ese día había una procesión dedicada a la Vírgen María en Pompeya y el tráfico los detuvo durante horas. Después de eso todo anduvo bien y el concierto se realizó sin mayores problemas, aunque hubo que cerrar los accesos al anfiteatro para evitar “colados”. 

En cuanto a la selección de los temas, el manager Rourke había llegado antes que Pink Floyd con un demo grabado en forma de acetato de los temas que la banda deseaba tocar. Maben pidió prestado un pequeño tocadiscos en su hotel y, escuchando las canciones, hizo una sinopsis musical: qué filmar, en qué momento, qué tipo de ángulos tomar en cuenta y todo eso. “Nos llevó toda una noche pero lo conseguimos… Teníamos que ser precisos y estar mentalmente preparados. Por eso anotaba todo. Hoy en día lo haríamos con una computadora pero, en aquel entonces, era todo bolígrafo, papel y un cronómetro”.

“Pink Floyd Live at Pompeii” se filmó en octubre de 1971 y en el anfiteatro Pink Floyd tocó “Echoes, part I”, “Careful with that axe, Eugene”, “One of these days”, “A saucerful of secrets”, “Set the controls for the heart of the sun”, “Mademoiselle Nobs” (antes conocida como “Seamus”) y “Echoes, part II”.

 Estos son los temas que figuran en la película original, estrenada en 1972, y la selección del material corrió por cuenta de la banda. “La única sugerencia que les hice”, dice Maben, “fue que tocasen uno o dos temas de su viejo repertorio. Y así fue como hicieron “A saucerful of secrets”, que se grabó y filmó en Pompeya, casi al anochecer, y “Careful with that axe, Eugente”, que se realizó en París, donde luego completamos la filmación.

La idea de realizar algunas tomas extras en París, días más tarde, puede haber tenido que ver con el escaso tiempo del que Maben dispuso en Pompeya. En la capital francesa, la idea fue que la banda tocara con un “background” de escenas de Pompeya creado con el sistema Transflix. “Una máquina gigantesca, como un elefante de hierro, a la que le podés poner lo que quieras, ya sea película o diapositivas, que luego se proyectan en una pantalla.” Esas son las escenas que vemos detrás de Pink Floyd en las secuencias parisinas. 

Según la mirada actual de Maben, esas fueron las escenas más frágiles de la película. “Fue una mala idea. A los músicos no les gustó, pero ya era tarde para sacarlas del film. Si pudiera hacer la película de nuevo, las hubiera suprimido".

El film original del ’72, que tiene sólo la actuación de la banda en Pompeya y en París, dura 60 minutos y la versión reestrenada en 1974, que salió también en video VHS y en LaserDisc, fue “engordada” con escenas de estudio de grabación, sumándosele 20 minutos más. 

Adrian Maben se dio el gusto de hacer el “Director’s cut” de “Pink Floyd Live at Pompeii” en 2003, y esta es la versión que se consigue actualmente en DVD, y que AVH y Universal editaron en Argentina. El “Director’s cut” dura 92 minutos, y además del grupo en vivo y en estudio incluye fascinantes escenas de las ruinas de Pompeya, intercaladas en el footage preexistente con muy buen gusto.

Respecto de las escenas de Pink Floyd en estudio de grabación, donde puede vérselos registrando temas como “On the run”, “Us and them” y “Brain damage”, Maben dice que en 1973 fue a pescar con Roger Waters y el director le pidió que lo dejase filmar a la banda grabando en el estudio, “para poder mostrar cómo hacían esos sonidos, el proceso creativo que había detrás, las técnicas que usaban". 

Así que, amablemente, me dejaron volver a filmarlos, con un pequeño número de técnicos, en los estudios Abbey Road de la EMI, donde, justamente, estaban registrando en ese momento ‘The Dark Side of the Moon’. Tuve mucha suerte de que se tratara de ese disco, pero creo que parte de la esencia del film es haber estado en el lugar indicado y en el momento indicado. Hay un elemento de azar y de suerte en juego y justo tuvimos esa suerte. El resultado está en este ‘Director’s cut’”.

Desde el punto de vista musical, el film “Pink Floyd Live at Pompeii” encuentra a la banda en uno de sus picos creativos, justo en el momento en que efectuaban la transición entre el “rock cósmico” de temas como “A sauceful of secrets”, “Set the controls for the heart of the sun” e incluso “Echoes”, la pieza central del álbum “Meddle”, al enfoque de mayor contenido social y humanista de “The Dark Side of the Moon”, donde el potencial compositivo y conceptual de Roger Waters comienza a manifestarse en toda su dimensión. 

El DVD permite, además, acceder a la versión original de la película y también a una ilustrativa entrevista con el director, de la cual se obtienen las declaraciones que ilustran esta entrada. En definitiva, “Pink Floyd Live In Pompeii” es un film fascinante acerca de unos de los grupos capitales en la historia del rock.  Alfredo Rooso.



Filmado en celuloide y pensado originalmente para televisión, Pink Floyd Live at Pompeii se exhibió también en salas cinematográficas. El formato original en estos primeros pases era el "más cuadrado" televisivo, con relación de aspecto 1.37:1. Pero para el Montaje del Director, Maben ha reencuadrado la película, recortando partes superiores e inferiores de la imagen, para darles un aspecto más cinematográfico de aproximadamente 1.78:1, presentado en el DVD con mejora anamórfica. 

Aunque no puede considerarse un fallo de imagen, puesto que el nuevo encuadre cuenta con el beneplácito del director, en algunas secuencias el recorte efectuado resulta aparatoso, desvirtuando buena parte del encuadre original. 

A nivel general, la imagen del Montaje del Director presenta algunos que otros altibajos. Gran parte del material cinematográfico original está en excelentes condiciones, sin defectos de celuloide y con un grado de detalle más que aceptable. El aspecto global parece algo suavizado, con un color bien equilibrado aunque no muy saturado. Pero en general, esta visualización está en línea con lo que corresponde a la época en la que se rodó el material original. 

Pero en varias ocasiones, aparecen algunos fragmentos que han salido de un máster de vídeo, con mucha menos definición que el resto de la película. En particular, esto se aplica también a muchas de las secuencias añadidas para el montaje del director, que provienen de documentales televisivos: incluyen abundantes defectos de vídeo entrelazado y presentan una mala compresión en algunos momentos, como ocurre por ejemplo en las imágenes de primeros planos de lava. 

La tasa de bits (bitrate) promedio para la imagen es de 5.7 Mbps, lo suficientemente alta para asegurar una correcta codificación del material original, sin artefactos de compresión incluso bien en las escenas con humo o con niebla; sin embargo, la compresión se resiente claramente en algunas de las escenas con más movimiento, sobre todo las que proceden de vídeo. Como problema adicional, aparece algo de realce contornos en bastantes de los planos más contrastados.. 

El DVD lleva los títulos de las canciones soberimpresos en la imagen, pero las letras -como suele ser habitual- no están subtituladas. Por otra parte, el cambio de capa no se sitúa durante la película. 

Sonido (Versión original). Aunque el audio de Pink Floyd Live at Pompeii se presenta exento de defectos y con una buena fidelidad para su época -al fin y al cabo, esta es una grabación del año '71-, esta pista en un sencillo Dolby Digital 2.0 estéreo deja un amargo sabor de boca. 

Como es sabido, Pink Floyd fue el inventor -o por lo menos el principal impulsor- del sonido cuadrafónico en sus conciertos, ya desde primeros de los años '70. Y, según parece, la película contó originalmente con audio estéreo de cuatro pistas. 

Por lo tanto, resulta una lástima que, aprovechando el nuevo montaje del director ya en este siglo XXI, no pudiera obtenerse una pista multicanal 5.1 a partir de los materiales originales (todo el concierto se grabó en una cónsola de 24 pistas) o, por lo menos, de alguna copia de exhibición en cuatro canales. 

Y en todo caso, si esta recuperación no ha sido posible por algún motivo técnico -curiosamente, en la larga entrevista a Maben no se comenta nada sobre el audio del montaje del director-, los melómanos hubieran agradecido la presentación del audio en una pisa alternativa en PCM sin comprimir, aunque esto hubiera obligado a hacer una edición de dos discos. 

Material complementario. La colección de contenidos adicionales incluidos resulta más que aceptable y satisfará a la mayoría de fans de las Pink Floyd de su primera época.

Comparación con otras ediciones. Todas las ediciones extranjeras son prácticamente idénticas, aunque los idiomas de los subtítulos pueden variar según los países. Al igual que en la mayoría de DVD musicales, es preferible –si es posible- adquirir el disco con vídeo NTSC (por ejemplo, en zona 1), para evitar la Aceleración PAL. 

Pink Floyd Live at Pompeii es una de las películas claves en la historia de las filmaciones de conciertos de rock. A primeros de los años '70, el grupo estaba en plena ebullición creativa -aunque aún lejos de la madurez alcanzada con The Wall- y esta excelencia musical la supo recoger de forma impecable Adrian Maben en su película. 


Link al video:

Este dvd es el montaje del director del 2003 en la cual el director Adrian Maben añade escenas rodadas en las sesiones de grabación en los estudios Abbey Road de Londres del Dark Side Of The Moon, además de nuevos efectos visuales y escenas espaciales, aumentando en media hora el metraje de la película. En los extras, además de la película en su versión original, historia de la Pompeya antigua e imágenes y posters de la época hay una interesante entrevista con Adrian Maben explicando como se gestó la película original además de los entresijos y problemas del rodaje. 


Link al video:





                               Más trabajo y más encargos

Barbet Schroeder, recordando la positiva experiencia de "More", les solicita su aportación a la banda sonora de "La Valle" – "El Valle"-, un filme protagonizado por Bulle Ogier, Michael Gothard y Jean-Pierre Kalfon, y cuyo argumento gira en torno a un viaje iniciático en busca de un mítico valle en medio de la selva de Nueva Guinea, en el cual los protagonistas deben encontrar la felicidad y la respuesta a sus conflictos existenciales. 

La película no llega muy lejos –la critica se ensaña con su simplista planteamiento- pero permite a Pink Floyd añadir un título a su discografía: "Obscured By Clouds". Un disco que únicamente sirve para aumentar el conocimiento del grupo en Estados Unidos, país donde sus inextricables experiencias en forma de vinilo aún no se han ganado los favores de un público masivo. 

Pero "Obscured By Clouds" no engaña al conocedor de la obra de Pink Floyd. Relativamente insustancial –en comparación a trabajos precedentes- y escasamente innovador, el disco supone un discreto capítulo dentro del historial del grupo. Aunque, eso sí, da lugar a una gira americana donde se ensayan trucos escénicos muy utilizados en el futuro.

Con Obscured by Clouds cerraba la trilogía progresiva de Pink Floyd. Al grupo le quedaba bien poco para convertirse en el primer grupo dinosaurio del rock internacional pero estaban en el camino. Y ellos lo sabían ya en 1972. Su credibilidad estaba a tope, era una banda con una legión de fans a muerte y además tenían un estatus de formación de culto muy curiosa. Que a estas alturas, un octavo álbum, se permitieran grabar otra banda sonora, repitiendo con Barbet Schroeder para quien habían firmado More, dice mucho de que quienes tenían la sarten por el mango eran ellos.

Todo cambiaría después con The Dark Side of The Moon pero el score de la película El Valle podemos considerarlo como un capricho de un cuarteto que claramente tenía dos líderes, Roger Waters y David Gilmour, que habían grabado lo que les apetecía.

Una banda sonora de encargo. Pink Floyd hicieron una banda sonora de encargo al igual que en el caso de More. Una vez finalizada la grabación, montaje y pre-edición el realizador les pasó una copia y los pasajes que llevarían su música. Dos semanas tuvieron para hacerlo en los estudios del Chateau d’Herouville cerca de París y para ello retrasaron el trabajo que estaba ya iniciado de El lado oscuro de la luna. Nick Mason se refería a esta obra con estas clarísimas palabras:

"Tras el éxito de More, decidimos trabajar nuevamente para Barbet Schroeder. Su nueva película se titulaba La Valleé y viajamos a Francia para grabar la música durante la última semana de febrero. Hicimos las grabaciones empleando el mismo método que habíamos utilizado para More, siguiendo la toma borrador de la película, usando cronómetros para entradas específicas y creando humores musicales interconectados para adecuarse a la versión final… El tiempo de grabación fue extremadamente limitado, debíamos ajustarnos estrictamente a éste. Sólo tuvieron dos semanas para grabar la música con un increíblemente corto periodo posterior para convertirla en un álbum".

Pues para haber tenido tan poco tiempo les quedó un trabajo enorme !!!  Ya desde el inicio nos encontramos con unos Pink Floyd experimentadores con los sonidos. "Obscured by Clouds" comienza con el zumbido del sintetizador EMS VCS3 de Rick Wright y una batería electrónica combinada con unas guitarras flameantes marca de la casa Gilmour. No es de extrañar que el grupo usara este atmosférico instrumental para abrir sus recitales.






2 comentarios:

  1. Excelente artículo! Sin duda alguna, este álbum es una muestra más de la grandeza de Pink Floyd, insuperable para bandas de esta era XXI.

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